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Gómez Lorenzo, María

CADA CIERTO TIEMPO SE LEE EL MISMO LIBRO, 1993
PORTÓN DE LA OLIVA, 1988
LECTOR, 1985
LA ESPERA, 1994
sin título, 1988

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Selección de Críticas

1983 “El retorno general a la pintura figurativa ha sorprendido a María Gómez con la certeza de un lenguaje propio que, remontándose atrás, tuvo su inicio en un mundo personal e imaginativo, cerrado sobre si mismo, con la línea dura del dibujo señalándolo a cuchillo y el resto a su servicio, como la serie de cabezas y manos expuestas en la exposición “Quince artistas de Bellas Artes” del año 80. Posteriormente la línea se fue ensanchando, adquiriendo una cierta elegancia despegada, con alguna dosis de humor de la que aun quedan rastros en los dibujos. Todo esto ha ido quedando atrás porque las obras de ahora están pintadas con el dibujo y esta curiosa simbiosis ha producido un quebrantamiento de las prioridades, cuyas consecuencias se pierden en la alta densidad de esas aguas turbias, que retienen, sin embargo, dosis de amor por la pura materia pictórica, por el fragmento abstracto dentro de la composición figurativa.” Margarita Paz, Crónica del arte, Guía del ocio, 1983.

“(...) Pero el más logrado, y también el más sencillamente enigmático de los cuadros de tema marino de María Gómez, es para mi el que premiamos en la última Bienal de Zamora. Es, creo, el cuadro más grande (dos por dos) que ha pintado su autora. En su centro un ligero esquife se desliza sobre la superficie del agua. Como único tripulante va un monje. Tripulante no es la expresión exacta, ya que no atiende a nada de lo que le rodea, ni se advierte sobre la embarcación aparejo alguno que la dirija. La barca se desliza, pues, a la deriva y el monje, tan tranquilo, leyendo ¿Se trata de un milagro? Nada parece indicar que intervenga aquí lo sobrenatural. La duda reina, y nada la disipa. La visión es fresca, casi naif, en azules y rosas claros, poco insistidos. Posee la frescura y la ingenuidad de una pintura medieval y contemplándola es en relatos fantásticos en los que pensamos (…) Si esa obsesión por el mar y los naufragios la comparte con otros pintores de su generación, en los parajes por donde anda actualmente María Gómez no parece que corra excesivo peligro de encontrarse con mucha gente. Los paisajes que está pintando no tienen nada que ver con los que pueda estar pintando, más o menos del natural o con más o menos intencionalidad lírica, otra gente. Son, más que nunca, paisajes mentales, construidos, levantados sobre la memoria. Dentro de su obra representan a mi entender un muy notable tránsito de un región alta, en la que es difícil predecir si se detendrá mucho tiempo, pero de que ya ha extraído -por seguir con la metáfora que proponen sus Obreros- luz más que suficiente para nuestra sorpresa. Respecto de sus cuadros con figuras, estos paisajes son todavía más contenidos, más naturales de apariencia. De ahí que todavía sea mayor la fascinación que ejercen. ” Juan Manuel Bonet, “En la vaga aurora del claroscuro”, Revista Figura núm 7 y 8,1986.

1995 “En su nueva comparecencia madrileña muestra una serie de dibujos sobre las constelaciones. La mitología y los aires nocturnos están, por ello, plenamente justificados. La unidad del conjunto, una serie de 16 dibujos de igual técnica y formato, tiene su réplica en una obra final, “Osa”, con la silueta opaca de una casa y el dibujo de un gato, que recuerdan su época más suelta, mediados los años ochenta. Los dibujos actuales son más cerrados, contienen buenas dosis de misterio, incluso por el modo como se interrelacionan o por la forma de distribuir las figuras, casi de convertirlas en observadores dentro de la luz. Una luz uniforme, cercada de azules, prepara entornos a un tiempo tensos y quietos, detenidos. La tensión viene determinada por la manera de plantear las imágenes, de ordenar sutiles gradaciones de espesura, decididas a partir de esos puntos de luz que son las perforaciones que simbolizan las estrellas. La quietud la define la forma de presentar las escenas, los paisajes, las levitaciones aéreas y especialmente, el modo de insistir en que lo que ocurre en los cuadros es una visión un tanto sorpresiva, que se superpone sobre la noche cerrada y requiere contemplación. De hecho, cuando incluye personajes en las obras, podría decirse que actúan al modo de los que se asomaban a una puerta en muchos cuadros barrocos, para dar fe del milagro que allí estaba ocurriendo. Ese detalle es, sin duda, uno de los mayores logros de las “constelaciones” de María Gómez. Una sensación que se refuerza por la calidad de espejos que tiene sus imágenes. Si los dibujos hablan de paisajes atrapados por constelaciones, al espectador le ocurre otro tanto con los dibujos.” Miguel Fernández -Cid, “Las constelaciones, versión María Gómez”, Diario 16, 1995.

1997 “El libro se ha apoderado, en los últimos tres años, de la pintura de María Gómez, aunque sería más cierto decir que la pintura de María Gómez se ha apoderado de la imagen viva de los libros, de su continente formal y de la evocación de sus contenidos como itinerario y renglón desde el que enunciar, con mayor carga significante, lo que de siempre ha habido de literario en su pintura y en su caso, como en muy pocos además, lo literario no implica ni desprende ningún calificativo desdeñoso. Sino, y muy al contrario , un plus de interés poético añadido a una poética tan personal como sugerente y consolidada”Mariano Navarro, “María Gómez, historias pintadas”, ABC de la Artes.

2000 “Reconoceré mi inclinación y preferencia por la obra que la pintora ha desarrollado, firme y coherentemente, en el transcurso de dos décadas y, más concretamente, en los diez últimos años. A mi juicio, esta exposición -con un inspirador montaje de Javier Aiguabella- demuestra que María Gómez ha alcanzado una expléndida madurez plástica que le permite hacer que sus instrumentos respondan con exactitud al aliento que la artista les imprime”, Mariano Navarro, ABC, El Cultural, 12-18 de marzo de 2000.<

> “María Gómez muestra en sus obras figuras y objetos reconocibles que ocupan lugares y paisajes posibles, dentro de los podríamos denominar, de una manera simplista, pintura figurativa. A pesar de esta relación directa con la realidad visual, sus cuadros muestran una extraña apariencia mientras que las figuras que aparecen representadas en ellos adoptan unas disposiciones que suscitan preguntas como: ¿qué hacen estas mujeres avanzando en la noche?, ¿qué buscan aquellos personajes? Estos interrogantes nos transportan a un mundo diferente del de las imágenes, nos conducen al dominio del pensamiento y de la literatura, al ámbito hermético de una religiosidad en la que domina lo enigmático. Se debe a que estos cuadros han surgido bajo la influencia de la lectura de las visiones teofánicas de Abenarabí (Ibn Arabí), unos textos contemplativos en los que el filósofo anuncia la revelación de la visión, el reconocimiento y la confirmación de un lenguaje de sugerencias poéticas.”, Javier Maderuelo, El País, 18 de marzo de 2000.

2004 “María Gómez es uno de nuestros “raros” más seductores e inclasificables, y su pintura resulta tan extraordinariamente singular que no puede ser dicha, que no tiene sentido referirla sobre su dominio de elementos plásticos ni relacionarla fuera de su propio universo. Es verdad que se trata de un arte que , por afinidad, remite al simbolismo: esa concepción moderna -y postmoderna- de pintura de sueños que busca no solo unas formas inéditas, sino asimismo un contenido nuevo y una nueva síntesis estética.”, José Marín-Medina, ABC, 15 de abril de 2004.

 

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