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Carretero , José

Escena
Personaje convalenciente
Personaje cosiendo
Paisaje en verano
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Al margen de las modas del arte y de los vaivenes de la critica, su pintura destaca por la factura serena y una dicción pausada y tranquila.

Pepe Carretero pinta con atención a los detalles y a la belleza de las cosas y los decorados. Su obra se abre a la expresión de un mundo personal, en el que confluyen las fórmulas realistas tradicionales y que siempre sorprende su peculiaridad.

Pepe Carretero (Tomelloso, 1962) plantea con su pintura una de las vertientes más atractivas y fecundas dentro de los movimientos que, desde los años 70, intentan una vuelta al realismo. Habría tal vez que recordar que el realismo, tal y como surge en el siglo XIX, es el movimiento que con más hondura socava los cimientos de la pintura academicista y prepara el camino para lo que serán, en el siglo XX, los lenguajes de la vanguardia y de la modernidad. No hay vanguardia sin realismo, y tal vez por ello es constante, en la historia del arte moderno, el intento de poner al día y a la moda el lenguaje realista.

La pintura de Carretero se abre a la expresión de un mundo personal en el que confluyen aspectos de fórmulas realistas más generales y que siempre sorprende por su peculiaridad. Se trata de una pintura que narra escenas, en el fondo muy dramáticas, situadas la mayoría de las veces en un territorio vago da la memoria -más freudiana que idílica- hecha de escenas silenciosas como cargadas de símbolos. No siempre sabemos a qué se refieren estos valores, pero sí percibimos su carga de un significado lleno de sentimientos profundos. Se trata de personajes sorprendidos en escenas, a veces, casi desvaídas por ese efecto de la memoria, pero que tienen siempre un peso fundamental, algo de escena clave de un drama del que, sin conocer los pormenores, conocemos las intensidades, el dolor y la soledad. Por mucho que imaginemos inmensos e inconsolables dramas, escenas de soledad e incomunicación inenarrable, la pintura de Pepe Carretero parece recrearse, sin embargo, en las pequeñas cosas que enmarcan y que completan ese mundo en el que el drama y la belleza se hacen compatibles. Ello hace que sus bodegones y paisajes sean especialmente atractivos. En ellos se encuentra el equilibrio justo entre la intensidad de lo narrado y la elegancia, tal vez un poco fría pero terriblemente convincente, de la forma de contarlo.

La obra de Pepe Carretero seguramente no se encuentra en las avanzadillas de la moda al uso, no se alinea con los lenguajes más novedosos. Sin embargo resulta difícil, en la pintura española de estos años, encontrar un pintor capaz de construir un mundo tan sólido que uno siente que es posible vivir en él. Si no existiera esa convención que es la historia del arte, con su devenir y sus modas, la pintura de Carretero sería igualmente válida, ya que es capaz de crear la ilusión de algo real y compartible.

Pablo Jiménez

 

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