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Piedehierro, Rafael

Atrapada
Guerrero I
Monje
Acatamiento
Guerrero II

Mérida, 1948

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Poeta, dibujante y escultor. La era de la maquina, el hombre atrapado: un grito Piedehierro es un hijo testimonio de nuestro tiempo, ese tiempo que encierra al hombre entre las redes de un maquinismo deshumanizado que le oprime y le ahoga. Sus dibujos son buena fe de esta angustiosa situación en la que todos nos sentimos más o menos representados. Nos sentimos cogidos por todas partes, inamovibles si no nos mueven; con los cuerpos y las mentes distorsionadas y adaptadas ( mal adaptadas, evidentemente ) a los limites que nos imponen, impotentes y sin fuerza alguna para luchar contra esa especie de monstruo social, de suerte que sólo queda una salida: el grito, la revelación ideal y tan poco efectiva que incluso nos podríamos preguntar si verdaderamente hay algo dentro de nosotros. Piedehierro a veces lo duda. En las esculturas, este artista ha optado por un desgarrado expresionismo: violento, fuerte y encrespado, que traduce a la perfección esos sentimientos que se apoderan en ocasiones de los hombres y que éstos no saben cómo describir. Cabezas que se resquebrajan, rostros marcados por el dolor y el sufrimiento. Piedehierro llega admirablemente a una exageración tal en la distorsión de los rostros producida por todos esos sentimientos que ha sido capaz de reproducir el gesto puro sin necesidad de acudir a un modelo, habiendo realizado un dificilísimo trabajo de abstracción que le ha llevado a quedarse con la expresión y desechar el rostro como tal; en una palabra, llegar a un rostro sin facciones. Piedehierro hace también esculturas exclusivamente como estudio de formas, volúmenes y equilibrio en el espacio, sirviéndose de un material que asemeja el de las tuberías. Y eso es lo que parece la escultura cuando la contemplamos; haciendo caso omiso de las junturas, vemos una tubería que se ensancha, se estrecha y se retuerce hasta transformarse en un objeto con ciertas connotaciones de musicalidad. Puede decirse que esto corresponde al aspecto del Piedehierro investigador de nuevos lenguajes expresivos, un ejercicio técnico distinto que requiere cada uno de los diversos materiales, cuyas posibilidades expresiva no son ni mucho menos las mismas. Sin embargo me gustaría insistir de nuevo en sus rostros, en la importancia y la dificultad que reviste lo que Piedehierro ha logrado, y que no es sino la muestra de sus dotes y su capacidad artísticas.

"Un grito desgarrado" de María Elena Morató

 

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