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Reja Exposito, Alvaro

Descanso del caminante
Rosas
Berta y las calas

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Álvaro Reja Exposito
A Álvaro le conocemos especialmente por sus arlequines. Es en estos temas donde su pintura alcanza la depuración máxima; dónde el oficio, la habilidad, se ponen por completo al servicio del corazón. Sus arlequines no tienen armazón de carne y hueso. Se han liberado de su cuerpo mortal, ya no arrastran la pesada carga del dolor humano. Podríamos pensar que duermen, pero no. Su rostro juvenil y delicado, sereno y luminoso, expresa el dulce éxtasis de aquel que experimenta su Ser esencial, y es éste el que ilumina su rostro y su entorno de luz espiritual. “Es el silencio el que nos advierte la presencia de la vida escondida”, nos dicen. Y nos invitan a hacer silencio en nuestras agitadas mentes para escuchar la Voz y percibir la Luz de Dios. Con frecuencia he visto junto a ellos una jaula con su puerta abierta, unas veces el pájaro ha volado, otras permanece dentro, aún abierta. Parece decirnos volad, vosotros mismos habéis creado vuestra propia prisión y solo vosotros podréis liberaros de ella. La verdad no aprisiona. Los arlequines de Alvaro son ángeles sin alas, se saben hijos del Eterno.

 

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