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Álvarez Plágaro, Alfredo

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Cuadros iguales 06
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Alfredo Álvarez Plagaro
Vitoria, 1960.

Cuando Josef Albers pintó su secuencia de obras ¨ Homenaje al cuadrado¨, se dedico al concepto artístico de la serie. En una serie se incide en los conceptos de distinto y parecido, y se dejan entrever las variaciones y las igualdades. También la obra ¨ Cuadros Iguales ¨ de Alvarez Plágaro contradice la expectación y la concepción de la obra de arte como algo único e individual.

No obstante, las de Plágaro tampoco tratan únicamente del concepto de la serie. Los gemelos humanos despiertan nuestro interés y nuestra desconfianza. De la misma forma nos impresionan las obras de este pintor español. Lo sorprendente estriba en el hecho de que el motivo y la apariencia pictórica se repiten de forma idéntica.

Plágaro pone en escena la contradicción entre repetición e identidad y, de una forma consciente, ésta se convierte en el principio de su obra. El artista pone en marcha un juego entre (el) original y (la) reproducción.

Se pinta la repetición, que no se basa en un procedimiento mecánico - técnico, y nos expone a la siguiente paradoja: Cada elemento es un original en forma de obra - ningún elemento es una copia idéntica de otro -, por lo que la apariencia pictórica es una invención original. Pintura y representación desarrollan una existencia independiente como iguales e idénticos.

La duda sobre qué se puede entender como representación se hace más patente. Un grupo de varias piezas de partes de una representación se puede subdividir. Una representación de ocho elementos puede subdividirse, por ejemplo, en dos grupos de cuatro elementos, pero también en cuatro grupos de dos elementos cada uno. Así sería posible que, por ejemplo, encontrásemos cuatro representaciones iguales de Plágaro en distintos lugares. En contradicción con la composición pictórica tradicional, Plágaro tampoco impone la posición izquierda - derecha, arriba - abajo; la disposición de los elementos es siempre paralela. No se deduce de la obra el cómo han de disponerse los elementos. Así la disposición o agrupación - horizontal o vertical - nos da un ensamblaje completamente distinto. Este concepto solamente se logra cuando la composición de los elementos se halla en armonía.

La proporción de colores y formas no deben darle a la representación una dirección precisa. Aunque cada elemento muestra lo mismo, no se puede apreciar por sí sólo cada elemento de un mismo grupo. Elemento y grupo se condicionan mutuamente y producen una representación simultánea por encima del elemento. Para conseguir una unidad de las representaciones es importante la distancia de separación entre los distintos elementos, ya que supone tanto unión como separación. La estrechez o amplitud de esta distancia, el tono y contraste de los colores, proporcionan, por un lado, la impresión de una secuencia con un ritmo, a veces acelerado, a veces lento.

La obra de Plágaro es concreta ya que no se dirige a nada que esté fuera del recuadro. Es idéntica a sí misma y se convierte en el motivo y objeto de la obra. Lo concreto de su obra también se entrevé en la aplicación de los colores. El color nunca es una ilusión óptica sino siempre una sustancia que se entiende como una sucesión de capas pictóricas. La consistencia de los elementos le confieren una presencia material y es, además, una indicación de la obra como realidad concreta.

Como un juego, la obra de Plágaro se desarrolla entre los opuestos de reglas y libertad. Más allá de su cualidad como obra concreta se podría entender que tiene una significación como ¨Cuadros Iguales¨. Metáfora y obra son como preguntas fundamentales en relación con la individualidad y la repetición, la identidad y la diferenciación.

Michael Vignold. Traducción de Ana Schmidt.

 

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